FANTASMAGORÍA

 En el salón de baile no queda nadie más que una niña pequeña con cierto traje largo plisado y una rama de olivo entre los dientes, la niñita sonríe y tú con ella, qué estás sasiendoaquí, no contesta la niña sino que se bifurca y se condena a una salida digna de un murmullo y te maneja al punto como una marioneta y tú pides perdón y ella se ríe, y nada por aquí ni por allá, sorpresa, y de repente ya no es una niña sino doce fantasmas y un perro negro ladrando a la luna, qué te parece, eh, qué te parece, lo que te pasa por lista.

Carlos


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