CUANDO LA TETA CANTA

 Tenías que haberme visto agarrado a la teta deliciosa, como si fuera un flotador y yo estuviera a la deriva. La dueña de la teta se reía, y me dejaba hacer, y se reía. Y me dejaba hacer. Y se reía. La teta como un mapa de mi Cielo. La teta es blanda y sabia. Y nunca miente. La dueña de la teta puede mentir, tal vez. Pero la teta, nunca. Yo pegaba la oreja a su blandura y escuchaba canciones y susurros. Y me hablaban a mí. Qué cosa tan bonita, la teta, cuando habla. Me estaba enamorando, y lo sabía. Ya estaba enamorado. Lamí el pezón erecto. Volví a lamer. Su dueña se reía. Luego dejó de reír. Sucedió de repente. Y suspiraba.

Carlos



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